domingo, 4 de septiembre de 2011

Diagnóstico

He sentido mucha curiosidad, cada andar me va llenando de dudas, me acechan cada paso al entrar. Que bueno que la puerta no rechina, así sigiloso e inseguro puedo entrar, me imaginé un cuarto menos oscuro. Y mira ahí está...el silencio absoluto. Ni siquiera un espejo, todo es tan austero; la poca luz perceptiva entre las persianas, cual rayas de un tigre eliminan un poco la habitación. La iluminan a ella también, que sin verguenza y perfecta lo único que me oculta son sus pies. ¿Por qué no se ha quitado los zapatos?

Mi boca está seca mi sabor solo recuerda un vaso de agua, han de ser mis nervios. Al mismo tiempo y lentamente siento lo único que debería de llevar, lo más importante para ella. Dentro de mis pertenencias está.

Solo espero que al salir ni siquiera mis pasos se escuchen, ni siquiera la respiración agitada y terminar pronto esta velada dejando el aroma caliente.

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